Andy Serkis ha interpretado a muchos personajes fascinantes en franquicias taquilleras como el chimpancé César en El planeta de los simios, la criatura Gollum/Sméagol en El Señor de los Anillos, el gigantesco e icónico simio King Kong y el villano intergaláctico Líder Supremo Snoke en la trilogía más reciente de Star Wars.
Si bien para dar vida a cada uno de estos personajes se necesitó la tecnología de captura de movimiento, uno de ellos fue, con diferencia, el más difícil de interpretar para Serkis, y fue el que más me sorprendió.
Serkis explicó en el podcast Happy Sad Confused: "Snoke fue el personaje que supuso un gran desafío, porque, en términos de escritura, fue evolucionando a medida que avanzábamos. Todavía no estaba claro en qué punto se encontraba, qué representaba realmente en [El despertar de la Fuerza]".
Snoke fue presentado en El despertar de la Fuerza como un Líder Supremo del lado oscuro de la Fuerza. Posteriormente fue asesinado en Los últimos Jedi, y los fans descubrieron más tarde en El ascenso de Skywalker que en realidad era un Strandcast, un ser artificialmente diseñado y sensible a la Fuerza creado por Darth Sidious (Palpatine) en Exegol.
Y si Serkis estaba confundido acerca de las motivaciones del personaje, no era el único. Las tramas sin rumbo de las últimas tres películas de la saga Skywalker resultaron decepcionantes para los fans, quienes se dieron cuenta de que no se había reflexionado mucho sobre las historias antes de su producción.
Pero Serkis hizo lo mejor que pudo con lo que tenía, que seguía siendo bastante bueno.

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